Es extraño. Estuve tratando de recordar los muchos fanzines que a fines de los 90, y comienzos del 2000, yo compraba. Se me viene de inmediato a la memoria la revista Kyodai (y su imperdonable fin sin aviso a nadie), y un fanzine llamado Ryu, el dragón otaku. Había otro, el Otaking, donde en los suburbios se manejaba la información de que uno de los dos encargados de aquellas páginas fotocopiadas era un rancagüino. Sé que hubo muchos otros fanzines por ahí, algunos venidos de muy al Sur incluso,
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