Un hombre, Victor, espera ansioso, junto con su pareja María, los resultados de unos análisis médicos. Estos suponen la vía de diagnostico de una enfermedad que el paciente desconocía que padecía: infoxicación politóxica, una enfermedad que se fundamenta en el hecho de que un exceso de información, al contrario de lo que podría suponer, consigue el efecto contrario al deseado, la desinformación. Esto es debido a que, actualmente, además de los medios clásicos de información, tenemos literalmente en la mano también las redes sociales en las que circulan millones de noticias cuyo origen no es verídico, ni tampoco sus consumidores se detienen a preguntarse si lo es, ni a contrastar información. Bien sea el conflicto de Israel o la guerra de Irak, el Brexit, conflictos políticos o la propia pandemia del COVID, el flujo constante de información y el bombardeo de noticias provoca una sobre saturación que deriva en lo contrario que pretenden, o al menos pretendían en su origen, los medios: informar al público. La sobreexposición a estos medios conduce a un estado de incertidumbre, de duda e ignorancia, siendo esa la enfermedad ficticia que padece el protagonista del cortometraje debido a la exposición constante a estos estímulos.
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