Hay personas que viven en pequeños pueblos, en el campo, o grandes ciudades, donde nacieron y crecieron.
No han necesitado cambiar de lugar para ser felices, lo han sido allí donde están, donde nacieron.
Sin embargo, con los tiempos que nos acontecen, algunos, los más jóvenes, por necesidad o decisión propia han necesitado emigrar a otras residencias, enfrentarse a nuevas situaciones y gentes, lo que conlleva a padecer de traumas, nostalgias... por las ausencias, por lo tanto, a la pérdida de la felicidad.
A otros les ha ido muy bien, hasta el punto de no querer regresar a su tierra, aunque la lleven en el corazón.
No adaptarse a la realidad, nos lleva a correr un riesgo para la salud, y poner en riesgo nuestra vida.
La felicidad la debemos encontrar si nos adaptamos a la realidad, y ponemos todo el empeño en conseguir nuestros deseos allí donde estemos.
Debemos ajustarnos, pero no doblegarnos.
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