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2410069716756
Meros figurantes sin más cometido que el de mirar cuadros
10/06/2024
Claudia Cifuentes
http://valentina-lujan.es/alicia/merosfiguran.pdf Pero ella los miró con cierta aprensión y me dijo que prefería que los suprimiera, aduciendo que el hecho de que en su mayoría pudieran ser, como yo decía, extranjeros, no la tranquilizaba del todo porque el español es un idioma muy extendido por el mundo, y que era posible que hasta los japoneses lo hablaran o por lo menos lo entendiesen. Así que, por no disgustarla a ella ni enfadar más a mí amigo, o por evitar que nos metiéramos en argumentaciones del todo accesorias que nos desviarían de la idea inicial que nos llevase al punto en que nos encontrábamos, tuve que suprimir — entre otras cosas que no voy a enumerar porque la sala estaba repleta de gente —: 1º/ Un grupo de unas veinte niñas de un colegio, todas uniformadas, tomando notas en sus cuadernitos de todo cuanto les iba explicando una señorita alta y delgada, bastante agraciada aunque saltaba a la vista que no era ya muy joven, que debía de ser, imaginé, su profesora aunque no sabría decir por qué ya que su aspecto no era en absoluto (aunque no voy a pararme en hacer la descripción cuando, total, la voy a suprimir con sus gafas y su traje chaqueta sastre y sus tacones tan poco prácticos para tanto rato como hay que estar de pie en un museo) severo. 2º/ Una pareja de ingleses (que lo sé porque los escuché decir interesting) que podían a lo mejor estar siendo americanos, pero, en cualquier caso, iban en pantalones cortos y llevaba (él) gorra de visera del revés y, ella, una pamela con puntillas y caireles que no le iba nada con los pantalones y con las playeras. 3º/ Otra pareja que, esa sí, era de habla hispana porque ella le preguntó a él ¿tenés vos el catálogo? y debió de contestarle que no, o que lo había perdido, porque ella dijo entonces mirá que mi mamá tenía razón cuando decía que siempre fuiste un boludo . 4º/ Un señor mayor, muy bien vestido, con sombrero y traja de corte impecable y camisa blanca con corbata que, la verdad, me dio pena suprimir después de haberse arreglado con tanto esmero. 5º/ El grupo de japoneses (como entre diez o doce, entre hombres y mujeres); aunque a estos no tuve tiempo de suprimirlos porque, tan pronto pisaron la sala, apuntaron a la fragua con sus cámaras y, tras dispararle sus respectivas ráfagas (sin flas, como los japoneses son tan educados), se marcharon presurosos a seguir disparando en la siguiente sala . ... Ahora, cuando los veo aquí, o, bueno, en la papelera de reciclaje a todos ellos, pienso que qué lástima de tiempo perdido y siento tentaciones de pulsar en “restaurar” y rescatarlos. Pero, eso, dice mi amigo “nos pasa a los escritores muchas veces” — que no sé si lo dice por nosotros, él y yo, o por sólo él y todos los demás escritores; pero tampoco le pregunto para, así, utilizar la frase como más me convenga (o como Lola considere que va a dar mejor juego) —, lo de escribir páginas que luego no encajan en ninguna parte y es necesario desechar.
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2410059711174
Lo del pelo mojado
10/05/2024
Un ebanista o artesano
http://valentina-lujan.es/alicia/lodelpelomojado.pdf tuviese una explicación que, quise hacerme la ilusión, sí podría escribirla tal vez cuando en un segundo momento, o tercer momento, o momento indeterminado y sin numerar, las musas se mostrasen propicias y tuvieran a bien que se me pasase por la cabeza quién sabe qué pensamiento, perverso, por ejemplo — idea, otra vez tal vez, de mi madre, quizás, aunque como se enterase podría molestarla y sentarle fatal, pero que se aguante — perverso que me empujase a atentar, con motivos probados o sin probar, contra la honorabilidad no ya de Sonia, sino de mi mismísima madre si la ocasión se presentaba y venía a la mano, pues ya se sabe que, como muy bien ella misma dijera una tarde en que hablábamos de mi difunto padre, “el escritor que quiera hacerse un nombre ha de despellejar a su propia familia”, y que con ese crápula ― que dijo exactamente crápula y no libertino o borracho o jugador o mujeriego, ya podía “si fueses un poquito avispado y supieras sacarle partido; pero no sé yo porque (elevando los ojos y las manos al cielo en actitud dramática que ya veremos que tal me sale si es que me animo) a quién habrá salido este hijo mío” ―ya tenía para un besseler. –Pero yo, mamá — le dije — no quiero escribir un best seller. –¿Y qué quieres escribir entonces? –Algo grande. –Pues lo que te estoy diciendo. Un besseler.
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2410029671385
Nota preliminar a las Versaciones de un chupaplumas
10/02/2024
Elisenda
http://valentina-lujan.es/alicia/notapreli.pdf Aquí te lo cuento todo, María Eulalia, punto por punto y palabra por palabra. Aquí te cuento, en primer lugar, no que le dije que exageraba, que eso ya lo sabes tú, y que yo nunca… Pero eso, mi bien amada María Eulalia, lo sabes también. Lo que quizás no sepas es que, él, en algún momento ―no podría indicarte con precisión la página, porque tenía por entonces la mala costumbre de no numerarlas, y yo, tan obsesionado con mi obra, nunca me detuve para corregírsela ―, dijo “estupendo” … Dijo “estupendo”, sí. Dijo “estupendo” y ahora ya lo sabes porque te lo estoy diciendo. Pero, lo que quizás no sepas y puedas tal vez no saber nunca, es por qué lo dijo; y, eso, mi bien amada María Eulalia, te lo digo porque lo único que podría decirte es que a partir de aquel instante fue todo tan confuso, tan infinitamente más confuso de todo lo confuso que había sido hasta el momento, que, cómo podría explicártelo… Puedo referirte, vagamente, que acto seguido yo le dije, o él me dijo, y que me contestó o que le conteste, antes o a lo mejor después de algo relacionado con un altercado ― “rifirrafe”, exactamente, que esa fue la palabra que él utilizó o yo empleé ―, algo que no te sabría tampoco decir qué. Y que alguien gritó “¡socorro!”, así, entre admiraciones ― las comillas las he puesto yo, para ti, María Eulalia ―, sé que entre admiraciones porque se percibía una cierta elevación, o alteración en la voz, que daba idea de una cierta premura, sí, pero que, como al ser pronunciado (y escuchado) de viva voz no se podía ver si iba en mayúscula, sería no menos (ni más) aventurado ― y eso puedes entenderlo tú sola, María Eulalia, aunque yo no sepa o no pueda explicártelo ― el afirmar tanto que se trataba de una petición de auxilio o, por el contrario, de que quien lo pronunció estaba llamando a alguien que tuviera ese nombre y estuviese lejos… Pero, ¿qué más da todo eso? ¿Qué más da, incluso, qué pueda sospecharse aunque sea tan solo por poner por caso, y en letra pequeña, en un pie de página que puede suprimirse, en cualquier momento, antes de pasarlo todo a limpio y sin tener que realizar grandes cambios que puedan alterar, o desvirtuar, la realidad de lo que se pueda pretender estar contando? ¿Qué más da todo eso, en realidad, ni a quién en realidad puede importar cuando la realidad en realidad es que la realidad es siempre tan… Así que, María Eulalia, o Proserpina ― o quien en realidad seas cuando, en realidad, ¿qué más da ni a quién le puede importar en realidad quién en realidad seas, o seáis, tú o ella o cualquiera de las dos en realidad? ―, la realidad es que en realidad llego a la conclusión de que lo mejor en realidad va a ser que vayas al principio, aquí, en las primeras líneas (que te las dejo aquí marcadas para que no las confundas con cualesquiera otras primeras líneas que pueda leer, por poner por caso, no sé qué Proserpina), y, desde allí (o “aquí”, tal como te he marcado) podrás recorrer, paso por paso, punto por punto, y palabra por palabra, el largo camino (o corto, dependiendo de los atajos que se tomen) que me ha traído hasta aquí y que yo he recorrido, mi bien amada María Eulalia, para ti; para ti y que no quiero en modo alguno que confundas, y que pudieras a lo peor perderte en él, con cualquier otro camino que haya podido quién sabe qué impostor recorrer para quién sabe qué tampoco (o también) Proserpina que qué podrá importar a nadie, en realidad, saber quién es. Con todo mi amor: tu Felipe
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2409209541433
Sobre el sofá aquí en nuestro cuarto de estar con chimenea francesa
09/20/2024
Rigoberto Almendrales
http://valentina-lujan.es/trans/Sobrelsofaquiennues.pdf cuarto de estar con chimenea francesa, donde la tía Bárbara se quedaba invariablemente pensativa y, sin cortarse ni un pelo a pesar de que Valeria acabase de criticar el color de sus uñas que llevaba pintadas ese día de rosa perla y “¡qué esmalte tan chabacano!”, se rascaba despaciosa, dubitativa, cavilosamente una mejilla antes de, con cierta cautela, preguntar —: pero no lo contaste, ¿verdad? –Sí lo conté ―. Sacándose los guantes. – ¿De veras? –Lo conté, sí; lo conté ¿Qué pasa? Ponía entonces la tía Bárbara el grito en el cielo y decía que bendito fuese Dios. – ¡Bendito sea Dios! — llevándose las manos a la cabeza — Gertrudis podía, ciertamente, estar más o menos mediatizada... era bastante influenciable y tal vez Herminia estuviese en lo cierto, por don Anselmo y sus teorías; pero, en atención a su memoria, permíteme puntualizar que lo que ella equiparaba con la de los conjuntos no era la vida sino la realidad. – ¿Y qué diferencia hay con lo que yo he dicho? Y que si o es que había algo más real que la vida. A lo que Pascual, necio donde los haya, terciaba, acompañando sus palabras con una risita tonta, que la muerte. –Mucha diferencia. Y que a qué vida se estaba refiriendo, de qué vida estábamos hablando. –Pero... ¿cómo?, ¿cómo que de qué vida? Y que, por supuesto, de la única que tenemos. –“De la única que tenemos”, ¿eh? Y que la única para quién. Y que pues para quién iba a ser, y que pues para cualquiera y que maldita fuese ¡Maldita sea, sólo se vive una vez! Y, Pascual, que con la muerte pasa exactamente lo mismo, y, mamá, que ya estaba — decía, quitándose las gafas como siempre cuando se enfadaba — hasta la coronilla, que ya estaba bien. –Está bien, pero... –Ay, pero pequeña, mi tesoro, si no te digo a ti — y se las volvía a poner como siempre cuando se calmaba —; no te enfurruñes. Y que había que ver cómo te pones por nada y Pascual pero que..., pero, ella, que si no cerraba el pico y dejaba de enredar, te vas a la cama ahora mismo... ¡lo decía por mí!... [][][] Dijo Albertina. Albertina que, un poquito rabisquina que fue siempre, aun se rebeló con un insolente, descarado: – ¿Y Pascual qué? – ¡Y sin postre! – que aun sabiendo que la amenazada era yo cualquiera hubiese podido imaginar que le estaba hablando a él, tan cariacontecido, abrazado a su Código Penal sempiterno. – ¿Pero y Pascual? – ¡Que os calléis los dos! Y que si o es que o no veíamos que estaban hablando los mayor... pero “me callaré” me dije. Dijo. [][][] Y que la tía Bárbara la miró entonces como si se terminara de despertar o saliese de un trance del que regresaba sin comprender cuándo o dónde o para qué me habré pintado yo estas uñas y le preguntó...
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2409209535388
YO CREO
09/20/2024
Francisco Albiac Samper
Poem
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2409169465664
No había estado del todo brillante
09/16/2024
Nimia
https://valentina-lujan.es/trans/nohabiaestado.pdf pero tampoco — y habría que convenir en ello por muy mal que a los designados para discrepar o mostrarse en desacuerdo les viniese — lo bastante apagada como para sentirse en la obligación (y puesto que no se le estaba exigiendo) de mostrarse compungida y pedir disculpas porque , aquel día y por motivo de algún reajuste que a última hora y deprisa y corriendo tuviesen que hacer los organizadores en la distribución, más de la mitad de los discrepantes fueron invitados (cortésmente primero y de forma no ya tan amable con los que pretendieron remolonear o simularon no haber entendido porque, y eso podría estar siendo verdad, los encargados de levantar el cielo raso y traer a primer plano el mar de fondo que se adivinaba malamente por estar demasiado lejos, estaban haciendo un ruido tan grande que muy bien hubiese podido admitirse como justificación razonable de no ser, como no fue, porque El director, que había permanecido callado aunque se le notaba que se empezaba, o bueno, lo había estado desde el principio, impaciente pero teniendo muy bien ensayado que no se le notase, miró con disimulo el reloj y, con una desgana (inevitable, tal vez, pero en absoluto pactada) que saltaba a la vista, ordenó a la señorita indique por favor a ese muchacho que estaría bien ir cerrando el paréntesis y pasar directamente al ambigú y al convite. Y lo cerró, el chico, sí, el paréntesis y como le quedaba de paso el grifo del lavadero y, con gesto tan en apariencia inocente, la posibilidad a que su amigo del alma, Germán, Mancuerna, interviniese con aquello de ¡Pero, coño, ¿por qué tiene este pequeño hijoputa que tocarme los grifos?! ¿Alguien sabe el gasto que eso supone corriendo cerca de toda una semana? que tanto había ensayado desde que Georgina, con su egocentrismo y sus afanes de dejar su impronta allá donde pusiera su mano, lo informase de que desde mañana dejas de ser Gervasio, el de la sastrería porque ya no hace falta como todo el mundo va en vaqueros y camiseta, y pasas, de momento en tanto no tengamos una gran superficie con de todo, a ser Germán Mancuerna el propietario de la tienda de ultramarinos.
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2409159448189
Fuese a tomárselo a mal
09/15/2024
Palmirita la de los cancanes
http://valentina-lujan.es/B/bienporquefuesepers.pdf bien porque fuera persona retraída, de esas de las que se sabe muy poco de ellas y cabe suponerles tanto una llaneza rayana en lo simple como una susceptibilidad lindante con lo más enmarañado que pueda suponerse agazapado en el centro neurálgico de un complejo de vivencias adosadas de esas que son todas tan iguales que, cuando vienen las visitas o los novios de las niñas a buscarlas, se confunden de puerta y, los vecinos, los reciben con no menos naturalidad de aquella con la que dejan a la niña irse con un extraño porque, también los visitantes y los novios, son enormemente parecidos a todos los demás novios y visitantes o, pero en este caso mal, porque Luzmila no fuera tan desastre en cuestiones de organización como afirmase Teresita Ledesma pero tampoco la prudencia en persona; lo que nos dejaría en una especie de ambigüedad o indefinición en el que la mencionada se estaría moviendo en terreno de nadie y, todo el mundo lo sabe, los terrenos de nadie son siempre y aunque pueda parecer contradictoria, de todo el mundo o, más concretamente del primero que llega, que asienta sus reales y de allí, póngaste como te pongas, no hay quien lo mueva ni a risa ni a llanto ni a buenas razones ni a malos modales o de esas otras que se sabe tantísimo de ellas y de sus ascendentes que resulta del todo inconcebible imaginarlas lejos ni fuera de su propia historia por más que la tal historia sea la invención más o menos desafortunada o dichosa que la que Teodorico hiciese de la Gongordiola aficionada a las películas musicales cuando aquel muy turbio y nunca del todo aclarado asunto del vendedor ambulante y el tenedor de libros del señor Pedreras y, ello, pese a los denodados esfuerzos de Pedreras por levantar el asiento.
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2409149421864
Correo de Gervasio
09/14/2024
Don Gregorio
https://valentina-lujan.es/Dbre10/Correo%20gervasio.pdf martes, 14 de diciembre, 2010 16:44:15 [Provocaciones] Nuevo comentario en el blog La última vez De: Gervasio el de la sastrería <noreply- comment@blogger.com> Añadir a Contactos Para: birrimal@yahoo.com.arg Gervasio el de la sastrería ha dejado un nuevo comentario en su entrada "La última vez”: Hay algunas cosas que no comprendo. No sé interpretar si las comisuras internas las ostentaban las galaxias o eran las comisuras internas las que (tras su silencio de milenios y etc.) ostentaban los gestos importunos de galones. No entiendo, tampoco, si fueron los limbos los que arrancaron las comisuras o fueron las comisuras las que arrancaron los limbos o sí, incluso y puestos a discurrir, arrancaron no sólo los limbos sino las mixturas plagiadas al aroma de ellos o — yendo un paso más allá una vez puestos en camino —, fueron los acordes más ancianos de las misturas en cuestión quienes organizaron todo este galimatías. Creo que sí me queda más o menos claro que fueron los desencantos los que tildaron de temblor lo que tan sólo era inmolación del santo y seña que rebasó la linde del ocaso del antes de la luz y el error del claroscuro del después. Y el entender eso me reconforta. Pero, volviendo a los gestos: la calma sin control ni perfil líquido de todo un calibrar de desencantos me pregunto yo, y disculpe que me ponga tan pesado, si la estaban jalonando los gestos (importunos ellos) o los propios galones que, al parecer y por añadidura y para confundirme más de lo que ya estoy, se verían libres (o privados) de ellos (los gestos, si entiendo bien) una vez la justicia viera satisfechas sus esperanzas. Le agradecería, si no le es mayor molestia, clarificase los mencionados puntos. Suyo afectísimo. P.D. Como es posible que después de tantos años y de tantas cosas como han sucedido usted ya no recuerde a Gervasio (ni la sastrería, que le fue incautada por el gobierno que a su vez la cedió a la comunidad musulmana para que establecieran una mezquita) puede, si usted quiere, hacer clic ahí arriba, en el propio Gervasio, y a pie de página, hallará una de las pocas menciones que en algunos textos de esta página de Valentina Luján se hace de él. 23/06/2041 15:21:43 Publicado por Gervasio el de la sastrería para Provocaciones a las 14/12/2010 16:44:00
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Versaciones de un chupaplumas (Nota preliminar)
09/14/2024
Alejandra Bermejo
http://valentina-lujan.es/R/verchupanotpreli.pdf Le dije que exageraba. Que yo nunca… Me había pedido años atrás y al cabo de unos cuantos sin vernos que le hiciese un favor de suma importancia para él, y ahora — quiero en realidad decir entonces, cuando nos encontramos y estuvimos hablando del asunto —, una vez hecho el favor, me reprochaba no sé qué deslealtades y me culpaba de haber traicionado nuestra amistad. Entonces fue cuando le respondí exageras, y él con muy malos modos replicó no exagero en absoluto. – Claro que sí. Lo que pasa es que cada cual recuerda las cosas como le conviene. – ¿Me conviene; me reporta algún tipo de felicidad o beneficio el recordarlas como fueron? – ¿Cómo fueron? – Lo sabes perfectamente. – Eso es verdad; con tanta claridad que te cuento si quieres, punto por punto y palabra por palabra, qué pasó y de qué hablamos. Y como se quedó callado mirando el cenicero con gesto hosco, di por hecho que asentía y empecé a hablar, desde el principio; desde el principio aunque — entendiendo que había supuesto igual que yo que, no teniendo ya temas comunes de que hablar después de tanto tiempo, nos limitaríamos a cruzar algunas frases huecas en aquella acera abarrotada de la Carrera de San Jerónimo y seguir cada cual nuestro camino — me salté el saludo y un par de trivialidades referentes al tiempo, por cierto, muy lluvioso. – Tampoco te contaré — dije —, puesto que tú mismo podrás recordar un cenicero lleno y dos paquetes de tabaco vacíos iguales que estos —, que nos habíamos equivocado los dos. Omití asimismo que al cabo de un rato recibiendo empellones de los que caminando con prisas y paraguas abiertos proferían improperios o algún seco perdón dedicándonos miradas hostiles, ahí estábamos: sentados a una mesa de un Cofee Shop y departiendo, amigablemente, como cuando éramos amigos inseparables. – Y, como entonces — hablé al fin, contemplando recuerdo las partículas de polvo suspendidas en un rayo del sol, cegador casi, de aquella mañana de verano radiante —, tu conversación giraba en torno a lo que había girado siempre. Y como entonces yo trataba de seguirla preguntándome, como me había preguntado siempre, por qué era precisamente a mí a quien elegías sabiendo que en una cuestión tan importante para ti, y que tan por completo te absorbía, jamás había podido ayudarte. – Porque, vamos a ver — te preguntabas, le dije, me decías, angustiado ante la amenazante impavidez del papel en blanco; lo cual era un desperdicio lamentable porque mi sensibilidad fue siempre nula hacia el lenguaje literario — ¿Qué puede escribir alguien a quien ni gusta la novela ni sabe abordarla, ni se considera capacitado para escribir un ensayo ni, menos aún, posee los conocimientos suficientes de alguna materia como para que no lo paralice el pudor a la hora de exponer y desarrollar cualquier tipo de teoría? – ¿No te gusta la novela, después de toda la vida intentándola? – Por eso precisamente: estoy harto. No sé abordarla, termino de decírtelo; he empezado varias y me pierdo, no sé estructurar un argumento... divago, me confundo... – Pues con ese panorama lo tiene chungo alguien — dije, mirando distraído las botas mojadas de una joven, con vueltas de piel —; pero si ese alguien no se puede quitar de la cabeza el ser escritor, a mí me parece que la novela no puede ser muy difícil. – Eso es lo que tú te crees — Gruñiste. – Pues el ensayo — sugerí, y traté de animarte —: El ensayo no puede resistírsele demasiado a alguien que como tú sabe enlazar frases hábilmente, y plasmar sensaciones o sentimientos de forma en cierto...
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2409149421734
Buen precio a que se prestan tantos y tantas
09/14/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/B/buenpreioa.pdf Estas, exactamente, con su punto final y todo, son las palabras que terminaba de copiar cuando al mirar el reloj del ordenador vi que eran las 14:04 y pensé que lo procedente era parar y prepararme para salir a comer. Así que lo apagué y, al mismo tiempo, conecté la radio. Justo en ese momento en las noticias de las dos decían algo concerniente al caso. Me pareció una coincidencia curiosa — después de tantos años y ser justo ahora, hoy, cuando me traigo entre manos aquellos cinco folios olvidados en un cajón — y pensé (andaba moviéndome por la casa y no me llegaba bien la voz de quien hablaba) que de regreso buscaría en internet algo de actualidad al respecto, y sí, he encontrado algunos artículos entre los que he decidido seleccionar este. Me ha llamado también la atención, pero eso ya a título personal de pura anécdota, que tanto éste — sin título (que no lo lleva y ni siquiera le he puesto “sin título” — como los otros dos que encontré en la carpeta amarilla están escritos en domingo; y que este concretamente lo estoy copiando en domingo (18 de agosto de 2013), y que el hecho a que en él se hace mención sucedió asimismo en domingo e igualmente de agosto. Debe de ser que los domingos de aquel verano del 97 tenían para mí un no sé qué que me hacía estar especialmente tristona. Bueno, comentada la serie de coincidencias regreso donde me quedé antes de comer y continuo copiando.
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2409129395048
Mirándola de reojo y santiguándose
09/12/2024
El intruso
https://valentina-lujan.es/laloli/mirandoladere.pdf y santiguándose, se cruzaban apenas al alba camino de la iglesia con ella sonriente y siempre con sus tacones, tan peripuesta y ya de buena mañana tarareando, tan alegre, aquellas melodías que entonaba por lo bajo, como en sordina y a media voz, para ella sola, dedicando a las cuitadas su sonrisa vivaz y, en las mejillas sonrosadas, tersas como manzanas, aquellos hoyuelos que se le marcaban aunque luego, ya de verdad a solas o con alguna de las muy contadas almas comprensivas de su confianza, sin tarareos a media voz sino entera y quebrada por la congoja, los ojos se le llenaran de lágrimas y, entre hipos: – Si es que yo lo sé que en este pueblo no me quieren. – ¡No han de quererte! — Escandalizada el alma comprensiva, queriendo animarla — No han de quererte y bien sabes lo contentos que se pusieron los sobrinos de don Nicolás cuando… – No — ella, sonándose que, la otra , “¿te das cuenta como no debes de llorar, que moqueas y te vas a hacer un desgarrón sin querer?”; y la Loli se reía entre lágrimas y la tranquilizaba “¡que no mujer!” —, si los sobrinos y más si son lejanos sí, pero, por lo general pues no. – Bah — el alma —, ¿qué es en definitiva lo general cuando por lo general se da tan poco? Y que lo mejor para que no se sintiera culpable era que no perdiese de vista que, cuando más cuando menos, por encima o por delante de los sentimientos suelen estar los intereses. Y se serenaba ella, un poquito, sí; y con la esquinita de un Kleenex, con cuidado, para que no se le corriera el rímel, se enjugaba una lágrima y, ya de pie dándose un tironcito de la falda tan corta y el último sorbo de moscatel, echando una ojeada a la ventana, que dónde estaba la Brigitte. − Que la dejé en el pradillo y no la veo. − Es que — la otra, en tono de no querer herir susceptibilidades pero —, entiéndelo, la llevé al patio. − A ella le gusta el verde. − Ya, pero, el verde; que la Linda y las otras y lo seco que está todo tan poco que ha llovido últimamente… − ¿Ves como tengo razón y que en este pueblo no nos queréis? Y, rezongando por lo bajo panda hipócritas algún día me las pagaréis, agarrando a su Brigitte que pero — en su tono tan suyo y tan festivo — gracias por las pastitas y el moscatel.
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2409129392641
PLEGARIA
09/12/2024
Francisco Albiac Samper
Poetry.
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2409099364723
Otra versión ocho
09/09/2024
El vendedor ambulante
https://valentina-lujan.es/N/np8.pdf La Respuesta No parece, en un principio, que pueda resultar problemática… ¿Cuántas veces lo hemos dicho? ¿Cuántas que no tiene uno, o una, o un hatajo, o una multitud por aquello de no ningunear a género alguno de especímenes etcétera? ¿Cuántas que no hay mas que llegar y decir que somos Fulanito o Perenganita e hijos o hijas de tal y de cuál? ¿Cuántas que nos hemos equivocado pero que en un alarde de esto y de lo otro? ¿Cuántas que no volveremos a repetir obviedades? ¿Cuántas que hemos perdido el hilo buscando un destornillador o sacacorchos o abrelatas o biela para cigüeñal de motor de combustión? ¿Cuántas que perder el hilo sería grave? ¿Cuántas que dejamos a la memoria hacer lo que le diese la real gana? ¿Cuántas que la Fuenfría o Roncero menos corpulenta era, asimismo, infinitamente más paciente que la más corpulenta? ¿Cuántas, en conclusión ― y ésta es la última ―, que algunas tardes, sin que hubiese habido el menor indicio de que las cosas fuesen a torcerse, los planes se desbarataban? ♣ ¿A quién, solicitando detalles a veces peregrinos de tal o cual minucia que a ella se le pasase por su cabeza de cabellos canosos y sin brillo peinados en un pequeño moño en todo lo alto de la coronilla, gustaba mortificar a sus educandas?1 .... 1Pero si usted no ha leído todavía este archivo es muy posible que no tenga ni idea de qué le estamos hablando. Así que – un consejo de amigos – haga como que no ha visto nada y váyase directamente a la 9a porque, en primer lugar, la nueve no vale gran cosa y, en segundo lugar, la señorita Marcela es un verdadero hueso.
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2409089356042
no me diese pista alguna de nada en concreto
09/08/2024
Quiteria
http://valentina-lujan.es/R/nopareceversidos.pdf no me diese pista alguna de nada concreto ― ni inconcreto ― de qué iba la cosa porque, como se ve, no tiene ningún enlace que la lleve a una hacia detrás ni hacia delante, pero seguí… Seguí como tantas veces en la vida se sigue aun a sabiendas de que ella, la vida, está empedrada de esfuerzos baldíos acerca de los que disertaré, sí, pero en otro momento en que no esté tan ocupada en averiguar de dónde vengo y adónde voy a almacenar tanto tiempo como, sin darse cuenta la pobre, con su cabeza en otra parte, hizo la suegra de mi vecina como vino sin avisar y ella estaba de compras; y le dije bueno, espérela aquí si quiere… Y se la veía que buena voluntad sí que ponía, pero le salió no ya sólo que demasiado (tan elástico como puede ser el tiempo según para qué se lo quiera) sino que además muy mal; unas horas tan pequeñas que cuando fui a lavarme las manos antes de cenar me vi de refilón en el espejo y me dije – yo para mí, para ella – “anda que otro día me pillas tú a mí”. Y todo porque me daba no sé qué tenerla ahí, sentada en una silla esperando a la nuera sin saber en que aplicar el plantón, tan largo como se hace. Como me vuelva a pasar — le dije al espejo secándome las manos — endoso alguna maleta; que las maletas dan mucha guerra porque (que a veces me ha pasado) los clientes no me dicen si las quieren de verano o de invierno, con ruedas sin ellas, o de niño o de adulto, o para ciudad o para campo o playa o, una vez una pareja y en el último momento como quien dice, que habían cambiado de idea y en vez de a las Bahamas se iban a Islandia. Leí. Tan idéntico, palabra por palabra y letra por letra, de lo que recordé que hacía ya muchos años me había pasado a mí con la suegra de mi propia vecina y mis propias… Ah, no, que me acaba de venir a la cabeza que en aquella ocasión eran largos, largos de piscina — olímpica, encima — que le salieron a la pobre tan pequeños que no servían ni para bañera. Y en el trastero los tengo, por si un por si acaso y… Como hay gente caprichosa que encarga cosas tan extravagantes como una caja de reclutamiento, con sus soldaditos de plomo y todo, que me dieron muchísima guerra con sus mosquetes al hombro, tan pequeños; pero ha pasado tanto tiempo que ya estarán viejos, los pobres, esperando, quietecitos, sin que vinieran nunca a recogerlos.
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2409089353744
Octava versión para una respuesta
09/08/2024
Carmela
http://valentina-lujan.es/V/versiocho.pdf La Respuesta No parece, en un principio, que pueda resultar problemática… ¿Cuántas veces lo hemos dicho? ¿Cuántas que no tiene uno, o una, o un hatajo, o una multitud por aquello de no ningunear a género alguno de especímenes etcétera? ¿Cuántas que no hay mas que llegar y decir que somos Fulanito o Perenganita e hijos o hijas de tal y de cuál? ¿Cuántas que nos hemos equivocado pero que en un alarde de esto y de lo otro? ¿Cuántas que no volveremos a repetir obviedades? ¿Cuántas que hemos perdido el hilo buscando un destornillador o sacacorchos o abrelatas o biela para cigüeñal de motor de combustión? ¿Cuántas que perder el hilo sería grave? ¿Cuántas que dejamos a la memoria hacer lo que le diese la real gana? ¿Cuántas que la Fuenfría o Roncero menos corpulenta era, asimismo, infinitamente más paciente que la más corpulenta? ¿Cuántas, en conclusión ― y ésta es la última ―, que algunas tardes, sin que hubiese habido el menor indicio de que las cosas fuesen a torcerse, los planes se desbarataban? ♣ ¿A quién, solicitando detalles a veces peregrinos de tal o cual minucia que a ella se le pasase por su cabeza de cabellos canosos y sin brillo peinados en un pequeño moño en todo lo alto de la coronilla, gustaba mortificar a sus educandas? ... Pero usted ya sabrá responder a todo esto si, como es de suponer dando por hecho que es usted un estudiante aplicado, ha leído ya esta versión de los hechos acaecidos. Y es que las de la señorita Berta copiaban como leonas. Pero no por cierto y en honor a la verdad Cora. Cora tenía otros defectos, pero era muy lista, y no necesitó nunca copiar a nadie. Pero Berta le tenía manía, se murmuraba (habladurías) que porque el padre de Cora había sido novio suyo y la otra (la que fuese luego la madre de Cora) se lo quitó no se sabe (hubo opiniones encontradas) si con buenas o con malas artes. ¿Pero qué culpa tendría la pobre Cora?
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Nuestra pequeña comunidad tan simple
09/08/2024
Clemencia
https://valentina-lujan.es/N/nuestrapeque.pdf tan simple y tan pequeña y tan sencilla y tan, en definitiva, de andar por casa o, como mucho, por las escaleras o el barrio que, por entonces, estaba todavía sin asfaltar y sin semáforos ni más alumbrado público que unas cuantas muy desperdigadas farolas de gas, sino a historias infinitamente más complejas vividas por personajes oriundos de tierras muy remotas acostumbrados a conducirse ― la tía Ambrosia lo contaba ― de maneras tan insólitas que nos dejaban, decía, perplejos y anonadados. Pero es que la tía Ambrosia contaba muchas cosas porque, como decía Gervasio el de la sastrería, “esta se las suele apañar pa no cortarse ni un pelo”. Y era verdad. Cierto como el sol que nos alumbra que, en cuantito Calpurnia se retrasaba un minuto, o el sopor de la tía Cándida era tan profundo que aunque la zarandeásemos no se espabilaba lo suficiente como para que no se le trabase la lengua con su “juego de palabras”, o alguno ― nuevo por lo general ― titubeaba o le daba vergüenza o se atascaba, allá que salía al quite con un desparpajo y una gracia que hacía las delicias de hasta los más desabridos la tía Ambrosia contando lo que se terciara si bien, por no faltar a la verdad, justo sería decir y sin duda lo dirá algún deslenguado... o bien nacido, o adalid de la nobleza o esbirro de la mendacidad, que, como quien mucho habla mucho yerra y Ambrosia aun dentro de su atolondramiento lo sabía, tan pronto le echaban el alto y “Magdalena, tú a lo tuyo y punto en boca” la devolvía ella, Ambrosia, ¡Ambrosia, por favor ― don Carmelo, que perdía la paciencia no sé de verdad qué hay que hacer con esta chica pasándose la mano por la calva rosada ―, que conviene fijarse! a sus lares y a sus pucheros, resignada, enjugándose la rija con una esquina del mantel de hilo, bordado, de Lagartera y de la bisabuela. – ¿No te la podías — Basilia, muy tiesa en su papel y con su cofia Devonshire, sirviendo el kopi luwak — limpiar con otra cosa? – Hija, si es que la script no sé dónde tiene la cabeza; que hasta ayer mismo era el camisón viejo que se echó para limpiar la plata, ¿no te acuerdas? – Ya. Y el orinal que ves en mi cabeza la sopera capo di monte. Pero… – ¿Órdenes de arriba? – Eso he oído.
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http://valentina-lujan.es/N/noparecevers9a.pdf a estas alturas ya sabremos todos qué pregunta, no parece en un principio, que pueda resultar problemática a menos, naturalmente, que perdamos el hilo, o el sentido común o el de la propiedad — privada, en este caso — que cada uno hemos de hacer valer sobre nuestra propia memoria y, si se deja, sobre la de los sensibleros y nostálgicos que se hacen una piña a la hora de todos al alimón esgrimir recuerdos de hechos y acontecimientos que, de uno en uno y sin sentirse arropados por todos los demás que los secundan, no osarían evocar sin sonrojarse porque recuerdan — esto sí, y sin necesidad de apoyo ni de amparo — con nitidez abrumadora que lo que mienten añorar no es ni sombra de lo que detestaron cuando lo vivieron de verdad. – ¿O ya lo hemos perdido? — Preguntaba doña Finita siempre, tan inocentona, sin darse cuenta de que en cuanto lo decía todo el mundo se orientaba. El hilo, también lo sabrá todo el mundo, porque todo lo demás susceptible de ser perdido que se enumera en el primer párrafo de este escrito carece, y doña Finita lo sabía, del mínimo interés turístico o valor histórico que conferiría a la pérdida — tanto si fuera esta sensible como si lo fuera desalmada, cortante y fría como el pedernal — la cualidad de irreparable cuando, y también eso doña Finita aun en su inocencia lo sabía, reparar un daño es un acto de humildad que enaltece a quien lo realiza al que ella, Finita, en sus ansias por acaparar virtudes y cuantas más mejor, no estaba en absoluto dispuesta a renunciar.
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Atrapadas en fragmentos de anécdotas
09/07/2024
Anaximandro
https://valentina-lujan.es/trans/atrapadas.pdf y dichos y chascarrillos y sentencias de las que, pese a denodados forcejeos por desprenderse los unos de los otros no lograban ellos desligarse, ni ellas, las pasiones, desprenderse enredadas las unas con las otras en una maraña de emociones difusas que las confundían, para — una vez manumitidos ellos de la esclavitud a la que los sometían sus semejantes aun tan heterogéneos y dispares, y exoneradas ellas de la asfixia a que las condenaba el reducido espacio emocional en que sus homónimas, tan exaltadas todas, las confinaban — desprovistas las ellas de ataduras a memorias oscilantes entre luces y sombras y desnudas de presagios a veces oscuros a ratos brillantes, adquirir el visado que les otorgaría el derecho pleno a la libre circulación y, de boca a oído difundir, cuando no llana y aviesamente propalar, retazos de futuros evocados y de pasados presentidos quién podría, a ellas, tan poderosas, ir a pedir cuentas del porqué de que tanto las memorias presagiadas como los predictibles olvidos logren, sin más pertrechos ni herramientas que sus mutuas y respectivas obstinaciones y fragilidades, recomponer con los fragmentos ver arriba innumerables anécdotas, dichos, sucedidos, chascarrillos, sentencias, que exclaman, sorprendidos, sorprendiéndose los unos a los otros – ¡Pero cómo has crecido! – ¡Pues anda que tú! Y, las pasiones – Tú, tan alta y tan esbelta como siempre. – Ya. Pero no te creas tú qué, que ando un poco… Y, tú, ¿qué tal? – Pues ahí ando… De la que me han dicho, en cambio, que está cada día más, es aquella bajita… ¿Te acuerdas? – Ah, pero es que esa… – Tan bajita, oye; es verdad. – Sí, pero qué fuerte. – Y, de la que estaba por las artes ¿Qué sabes? – Poco. – ¿Y por el conocimiento y la sabiduría? – Nada.
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2409079344974
Que no tocaría nada
09/07/2024
Georgina
http://valentina-lujan.es/Y/yqueunavezpersua.pdf y que, una vez persuadida al cabo de reiterados intentos sin obtener otro resultado que el consabido mensajito “internet explorer no puede mostrar la página” de que lo que pasaba era que la página en cuestión ya no existía, me limitaría a registrarla de nuevo yo misma, a mi propio nombre, y a recomponerla. Recomponerla paso por paso, letra por letra, palabra por palabra, enlace por enlace guiándome por los papeles encontrados , sin quitar ni poner ni modificar nada. Esa era mi intención, pura y sencilla…
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2409079344530
Violeta se pusiera más histérica todavía
09/07/2024
El padre de la tia soltera...
https://valentina-lujan.es/V/violetasepusi.pdf más histérica todavía que aquella vez en que se le coló en pleno examen una pregunta con la que ella en absoluto contaba porque, además de estar segura de que no correspondía ni a su asignatura ni a la evaluación que la ocupaba ― que lo comentó entre lágrimas en la sala de profesores mientras daba sorbitos compungidos a una taza de valeriana que le hicieron para ver si se calmaba ―, ella, Violeta, era muy exquisita, muy delicada, y jamás habría accedido a que “algo tan sumamente sucio y feo” (dijo) arrojara una mancha sobre su expediente que “mirad ― indicó ― cómo me lo ha dejado”. Y, sí, aunque todo el mundo quiso consolarla con un pero si casi no se nota que sonaba a falso, la verdad pura y dura es que estaba lleno de grasa y el aspecto era del todo lamentable.
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