Todo hombre es un artista, decía Joseph Beuys en 1979. Internet no existía aún como el gigantesco ágora que es hoy, como ese infinito speaker’s corner en que se ha convertido, emulando el así llamado rincón del Hyde Park londinense en el que se permite a anónimos oradores lanzar discursos y abrir debates con los viandantes. La Edad de la Información ha dinamitado los ya precarios muros del academicismo y el arte, liberado de sus diques, ha ido extendiéndose por toda la superficie del mundo como
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