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10107 results found for tag:"prosa".
2507082439073
La historia del Perú
07/08/2025
LOBO GUERRERO
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2507082433262
Transatlanticism (versión en español)
07/08/2025
Daniela Caridad Sardiñas Rodríguez
Monólogo confesional llamado Transatlanticism, escrito en 2021. Se realizó una versión original en inglés y una traducción al español.
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2507082433279
Transatlanticism (versión en inglés)
07/08/2025
Daniela Caridad Sardiñas Rodríguez
Monólogo confesional llamado Transatlanticism, escrito en 2021. Se realizó una versión original en inglés y una traducción al español.
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2507072431605
Chico diamante
07/07/2025
Daniela Caridad Sardiñas Rodríguez
Prosa poética que escribí en el año 2021.
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2506282313473
La Virgen y la Natura Naturata
06/28/2025
Javier Torres González
Una descripción de lo sagrado que respira entre el reino natural y el reino artificial
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2503191205639
Limando asperezas
03/19/2025
Alejandra Bermejo
https://valentina-lujan.es/admis/limandoasp.pdf Desde el otro lado, más allá de las paredes del tubo demasiado ancho para poder a simple voluntad percibirse sus límites, habría de llegar el rumor acerado de palabras pronunciadas por bocas vacías en idiomas desarticulados y brumosos ronquidos desbaratando los intentos, frustrados mucho antes o soberbios por obra y gracias varias, heterogéneas de tan bullangueras y azuladas, de destierros y astucias perpetradas a los cuatro vientos y unas cuantas decenas de antorchas apagadas todavía humeantes, arrastrando con lentitud exasperante la oscuridad acolchada, blanda, casi amable, de un pensamiento roto y remendado. Pero la voluntad se negó, terca según su costumbre, a ser, por una vez y bajo la advertencia de que algo así no volvería jamás a tomar cuerpo, tan simple. Vale, si es que hay que avenirse. Musitaste. Pero no olvides, de regreso, el echarpe de flores que llevaste al tinte. Y te tiró un beso. Y le guiñaste un ojo. 19 de marzo de 2025
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2503121141570
Desde el estrado
03/12/2025
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/deli/despuesdelam.pdf Después de la madrugada, cuando ya habían pasado los repartidores de pesadillas y los mimbres de los acolchados taludes amenazaban con quebrar las embocaduras de los misteriosos despilfarros arrojados de sus lares por los incipientes diletantes hacinados en inarticulados círculos excéntricos por un exceso de empatías concatenadas de forma harto desordenada si bien no poco nutrida de fulgores intrépidos, comenzó a deslizarse por sobre las espaldas de los comparecientes un nadie supo qué de encantamiento que los sumió, sin esperarlo, en arranques descontrolados de risa que, por la forma en que reverberaba contra los epitelios nudosos cuajados de desabridos descuentos de al por ciento, fue calificada de nerviosa y archivada. 12 de marzo de 2025
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2503081057577
De la pereza
03/08/2025
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/A/asperodesliz.pdf Áspero deslizar de monocordes ensueños, atrapado entre oscuras obsolescencias candentes que al sumarse arrojan sobre el clamor espumas frías de frágiles corduras desbocadas, urdiendo en el lejano campo yermo arabescos de sombras y de nudos y de ocasos y premuras y algazaras que dudan entre las briznas y los brincos de cuál de las verdades es la gélida insana realidad de la pereza y rozan, de soslayo, como al canto, el trino alborozado del sustento que da a la voz su seda y al callar su brío, se despierta y, liberado, ágil o diligente rompe bridas.
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2503081057133
De la pereza
03/08/2025
Alejandra Bermejo
https://valentina-lujan.es/prosa/delapereza.pdf Áspero deslizar de monocordes ensueños atrapados entre oscuras obsolescencias candentes que, al sumarse, arrojan sobre el clamor espumas frías de frágiles corduras desbocadas urdiendo, en el lejano campo yermo, arabescos de sombras y de nudos y de ocasos y premuras y algazaras. Y duda, entre las briznas y los brincos, de cuál de las verdades es la gélida, insana realidad de la pereza. Y roza, de soslayo y como al canto, el trino alborozado del sustento que da a la voz su seda y al callar su brío. 8 de marzo de 2025
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2410209870058
Álbum de fotografías de Valentina Luján
10/20/2024
Remedios Ayuso
http://valentina-lujan.es/A/album.pdf Álbum de fotografías por Valentina Luján    
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2410209869663
Una memoria buenísima
10/20/2024
Lola
http://valentina-lujan.es/doc/Una%20memoria%20buen%EDsima.pdf como viene tan de forma del todo demostrable y seguida paso por paso a resultar plausible, sí; y no elevaré, en lo tocante a ese particular en concreto, la menor queja ni ante ninguna instancia competente contra una cualidad que, encima, me adorna; pero, es tan desordenada… o tan ansiosa… Echa mano indiscriminadamente y con diligencia prodigiosa de todo aquello que yo deseo eliminar de mi recuerdo y, antes de darme tiempo a recapacitar si conviene guardarlo en el cajón que le tengo— no voy a decir “para ello solo” pero sí que sólo para ello y todo lo de su misma condición y especie — reservado en el altillo de la despensa, ya lo ha tirado ella en el cubo de la basura. Cuando la veo caminar por el pasillo canturreando y limpiándose las manos en las meninges, ya, sin poder evitarlo, me pongo en lo peor; y cuando la increpo con “¿qué has tirado?” me contesta con mucho desahogo que deje de andar vigilándola, que ella sabe perfectamente qué tiene que hacer. Y es que es un poquito soberbia; dominantona el día que se levanta con el pie izquierdo y eso que se lo noto en cuantito — con esos gestos suyos tan diligentes, tan seguros de sí mismos— la veo cómo se entrega al vicio. “Mal empezamos” me digo para mi coleto. Así que fui en seguida; en cuantito la vi embebecida en las cuentas a ver si íbamos o no íbamos a llegar a fin de mes ― que llevamos toda la vida llegando, pero a ella le gusta asegurarse ― salí escopetada a escudriñar entre los envases vacíos de yogures descremados y las raspas de unos boquerones fritos. Y allí estaba: un trozo estupendo de, a decir verdad, no uno de mis mejores recuerdos; pero sí “estupendo” por el excelente estado de conservación en que se hallaba. Se lo dije, le dije “¿te das cuenta cómo no tienes criterio?”. Me contestó que vaya si lo tiene y que qué sabré yo. – Sé — le dije — lo que necesito para ir tirando. – ¿“Tirando”, y te lo quedas todo? – Quiero decir — rectifiqué — “para irme defendiendo”. – ¿Y de qué vas a defenderte; y con semejante zarrio, además? – ¿“Zarrio”, un trozo de recuerdo tan estupendo? – ¿“Estupendo” eso? — replicó, arremangando la nariz y señalándolo con mucho desdén. – Bueno — admití —; no es de los más felices… ¡pobrecito! — Y lo estreché contra mi pecho —, pero está en tan buen uso, en un estado de conservación tan bueno, que no voy a consentir que una desaprensiva como tú me lo… – ¡Trae acá, pedazo de insensata! — Y le propinó tal tirón que me lo desgarró un poquito. – ¿Ves cómo no me entiendes? — Me quejé — ¿Ves cómo es verdad que no tienes criterio?, ¿ves cómo no sabes apreciar el valor de las cosas?, ¿ves cómo no te das cuenta de cuánto puede dar de sí un retal de recuerdo, por malo que sea, cuando se lo trata bien? – A los malos recuerdos y a sus tiernos retales — repuso en tono muy sarcástico — lo que procede es, y perdona que te lo diga de manera tan llana, darles una patada en el culo. – Pues yo no pienso dársela — contesté, encaramándome a la silla de la cocina para alcanzar al altillo —; que no sabes tú, pedazo de ignorante, el juego que puede dar… si es que se le sabe llevar con un poquito de mano izquierda, claro, un recuerdo amargo. – Tonterías — Ella —. Y como encima te caigas ya verás. Pero no me caí. Y cerré la despensa con llave y la escondí, para que no me lo volviese a tirar.
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2410209869366
Una pistola con cachas de nácar
10/20/2024
Don Farabundo el artillero
http://valentina-lujan.es/U/unapistolacon.pdf que, tras haberse identificado como el empleado de correos que debía entregar un telegrama muy urgente ― lo que ya debiera habernos hecho sospechar porque todo el mundo sabe aunque no se lo digan que todos los telegramas lo son ―, sacó de su bolso y depositó sobre la mesa al tiempo que, con voz entrecortada por la congoja, ponía en nuestro conocimiento que aun con harto pesar no le sería posible continuar con el plan trazado porque sus jefes, ajenos o indiferentes ― “bien por desconocimiento (dijo) o simplemente por ganas de fastidiar” ― al destino que su creador le tenía asignado, habían decidido concederle un ascenso y convertirla en cerebro de una organización dedicada a combatir la estupidez en el mundo. ---- está por ver si “camilla” del cuarto de estar de los Ramírez o “de mármol con patas de hierro forjado” de la cafetería en la que mi amigo y yo solíamos citarnos para debatir acerca de cuál debiera ser el rumbo que tomase lo que él, muy generoso, se obstinaba en denominar “nuestro relato”. Y digo bien “convertirla” porque según hablaba se quitó una máscara de látex que dejó al descubierto unas facciones que eran claramente de mujer y que a Gutiérrez, que para mi desgracia había regresado de sus vacaciones y devuéltome a una cotidianidad tediosa, le parecieron un absoluto desatino… ‒ Es posible ― repliqué con cierta sequedad ―, pero el mal ya está hecho y me temo que no vamos a poder volver atrás porque las expectativas de la concurrencia están puestas en qué pasará cuando, una vez desenmascarado el impostor a la vista de que el supuesto telegrama no es más que una lista de la compra escrita por cierto con bastantes tachones y muy mala letra, hayamos de enfrentarnos al hecho de que nos encontramos ante a una situación que ni Lola, ni aun mi madre…― y mire que mi madre no suele atascarse con tal de dejarme en ridículo, ni Lola decorando salones en los que colocar mesas de estilo Chippendale, o Luis XV, o barroco o rococó que combinen con la lámpara de cristal de Baccarat ― van a ser capaces de resolver de forma medianamente satisfactoria.
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2410149797576
Recordé de inmediato que Ramírez era el del croissant
10/14/2024
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/recordinme.pdf o, por lo menos, y si me asalta la duda de si estaré, con sus galones y su botonadura dorada, confundiéndolo con el capitán del barco de mi tía, recordaré ― esto sí seguro, ya que no tengo nada que llevarme a la boca porque Lola no sé dónde está, y con lo de la cocinera estoy todavía en trámites ― que, dentro de las contrariedades, podré comerme la pasta para rellenar los volovanes, que no es a fin de cuentas muy distinta de la ensaladilla rusa. Pero mi madre, con esa manía que tiene de llevarme la contraria, cuando me llama preguntando qué voy a comer dice que estoy muy, pero que muy equivocado. Y yo me callo y no se lo discuto, porque de temas culinarios entiendo poco. Pero mi silencio parece irritarla porque, sacudiendo con impaciencia la cabeza y los ojos en blanco, eleva las manos al cielo y exclama que esto se venía venir, y que ella ya lo sabía, y que me lo habrá repetido mil veces pero que a mí nunca me ha entrado en la cabeza… ‒ ¿Por qué ― pasando del tono irritado, al afligido ―, hijo mío, tienes que ser tan terco? ‒Pues porque debe de ser ― y que, bien sabe Dios, me disgusta ser brusco con ella, porque luego me da pena, pero es que me lo ha puesto lo que se suele, en términos muy coloquiales, decir a huevo ― que he salido a mi madre. Noto, nada más terminar de soltarlo, que palidece, y que le tiemblan las manos; y, dejándose caer en una butaca, pregunta con voz quebrada qué quiero decir con eso. ‒Pues solo que tampoco te entra en la cabeza a ti que Indalecio y Manolita no son menos diferentes; es más, yo diría que lo son mucho más. Entonces ella suspira, y se pone de pie y da unos pasos por la habitación, y se vuelve hacia mí con expresión ahora relajada, sonriente, y pregunta en tono amable que si me acabo de dar cuenta… ‒ ¿Cuenta de qué? ― Yo, con cierta sequedad. ‒Pues… De que a lo mejor tienes razón y, sí; sí vales para esto de la literatura. Le pregunto, sin dejar de garabatear, que qué la ha hecho cambiar de opinión, así, tan de repente. Y ella entonces, se llega hacia mí, y se coloca a mi espalda, y me rodea el cuello con sus brazos y me da un beso en la coronilla; y dice que estoy escribiendo, por primera vez, como un narrador no omnisciente del todo pero casi, porque ni ella está conmigo ni puedo yo ver ni saber qué está haciendo… ‒ ¿O es que, tan inmerso en tus papeles, se te ha olvidado que estamos hablando por teléfono? Y que, si sigo así, pronto podré, y sabré, contar lo que mis personajes piensan; pero que, por favor ― dice, antes de colgar, ahora ya en tono maternal… es decir, el tono de mi madre ― repase lo que llevo escrito y veré que tiene razón ella, y que el hombre del croissant no es Ramírez sino mi amigo. Pero yo sé, porque sé que nunca le ha tenido simpatía, que ella no piensa que mi amigo sea en realidad mi amigo. Y no lo digo por presumir de nada, sólo porque… O, bueno, sí, caramba, que hasta puedo, y sé, contar lo que ella, mi personaje, no piensa. Estoy contento.
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2410139789222
Ella, con la mano
10/13/2024
Julianita
http://valentina-lujan.es/alicia/ellaconlama.pdf la derecha, en concreto, enfundada en guante de goma y sosteniendo, en la otra, también enguantada, una bayeta chorreante porque se hallaba hoy, ella, atareada en una de esas engorrosas limpiezas a fondo tan necesarias de vez en cuando en los hogares, pero tan poco decorativa y nada favorecedora para su bien amada (de mi amigo) heroína para la que siempre ha deseado lo mejor y verla envuelta en halos perfumados, derrochando glamur. Yo le hago notar que su ambición es un tanto descabellada; pues ha de tenerse en cuenta que se trata de una familia de clase media cuyos únicos ingresos consisten en el modesto sueldo de un funcionario subalterno con el que han de cubrir sus necesidades el matrimonio, los dos niños y la pareja de ancianos. – Lo sería, sí, descabellada — me contesta —, si no fuera porque las cosas cambiaron cuando ella, Sonia, se echó un amante. –¿Sonia? ¿Un amante? ¿Un amante Sonia cuando tras barajar varias posibilidades como lo de la ducha averiada, por ejemplo, habíamos llegado al acuerdo, que yo recuerde, de que a lo del pelo mojado podía dársele una explicación más inocente? – Sí — él — pero también quizás mucho más sosa, simplona, con escasas probabilidades de enganchar al lector y, mucho menos, a la lectora, que en general las lectoras son mucho más románticas. – ¿Y qué romanticismo, qué ternura o dulzura, encuentras tú en que se cargue al pobre anciano? – ¿Anciano? ¿Y qué motivos habría de tener Sonia para matar a su suegro? – Al suegro no — le explico —; cargarse al marido. – ¿A Ramírez? ¿Sonia matar a Ramírez? – Bueno, no sé si lo mató del todo, pero un somnífero antes de fugarse sí que le dio. – Ah, sí — mi amigo emite una corta carcajada y sacude la cabeza —, cuando probamos a que los guantes fuesen de terciopelo; ya me acuerdo, pero pensándolo bien tal vez sea mejor olvidarse de aquel intento, y del marido rico y del amante, y devolver a Sonia a su Ramírez de siempre, y a su casa y a sus suegros y a sus hijos. – ¿Pero no me acabas de decir, hace no poco más de una decena de renglones, que te gustaría algo un poquito más estimulante para el lector, o, bueno, la lectora? – Sí, es cierto, lo he dicho. Pero es que si me paro a pensar no lo tengo nada claro y ando dubitativo, debatiéndome entre saber si lo que quiero es escribir…, quiero decir que escribas, una novelucha comercial o una buena, auténtica obra literaria. Y que yo, me pregunta, cómo lo veo. – Pues no sé qué decirte — le contesto —; pero si quieres echarte atrás estamos a tiempo, que del capítulo primero lo que tenemos hasta ahora son tan sólo borradores, tanteos, probatinas; algo, por otra parte, que debe de sucederle antes de arrancar en firme a cualquier escritor. – Ese es el problema — dice, y me parece que lo noto triste —, que, y eso sí lo tengo claro, yo no quiero que tú, tú precisamente, seas, y además por mi culpa, un escritor cualquiera. Y la señorita, arrugando la nariz y torciendo el gesto, hablando como para sí doblando los folios, a este paso no lo seréis ninguno de los dos. Ya lo verás.
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2410139788461
Elaboración de masa de hojaldre para volovanes
10/13/2024
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/B/elaboraciondem.pdf que le dije que le agradecía, pero que me parecía un trabajo superfluo porque yo me arreglo con cualquier cosita y con un huevo frito con patatas me quedo tan contento, y que masa de hojaldre para volovanes, pues para qué… – ¿Para qué, Lola, masa de hojaldre para volovanes? – Pues para hacer volovanes para rellenarlos de crema de gambas para rellenar volovanes; que también tengo que hacerla. Y echó una ojeada a su reloj y, en tono apremiante, a mí que dejara de importunarla con tontadas y fuese poniendo la mesa. – No necesito mesa — respondí —; sabe perfectamente que siempre que como en casa lo hago en la bandeja del Derby de Epsom. Y hoy, que apenas tengo hambre porque si no he ido al ministerio es porque tengo gripe… – Para cuatro — indicó. – ¿Qué cuatro? – Pues usted, su madre, su tía y el capitán. – ¿El capitán? – Sí — ella —, y no me quiera confundir. Hoy no ha ido al ministerio porque es sábado. Y su salud perfecta. Y la comida es especial, un poquito de ceremonia como si dijéramos, así que haga el favor de irse arreglando. – ¿Para celebrar que es sábado y mi salud perfecta? – Para recibir a sus invitados. No sea ganso. – ¿Me pongo el chaqué? — Pregunté con un punto de ironía. – No hace falta exagerar. Pero uno de los trajes buenos, y una corbata bonita, y los gemelos de su tía Luisa que, por cierto, se va a sentir un poquito dolida por no haber sido invitada para ocasión tan señalada. – ¿Y cuál es entonces la que viene? – Pues la del capitán ¿O es que no termino de decírselo? – Y dale con el capitán, Lola ¿De qué capitán habla? – Pues del barco ¿De qué capitán va a ser? – No sé de ningún barco, Lola, ni de ningún capitán… ¿Ha consultado su agenda? ¿Está segura de que hoy no es martes y que no tendría que estar en cualquiera de sus otras casas? – No es martes — replicó terca, abriendo el horno —, y donde tengo que estar es exactamente en esta cocina porque usted me pidió por favor, eso sí fue el martes, que viniera a preparar la comida por lo de… ya sabe, y me figuro que no tendré que ser yo quien lo ponga a usted al corriente de sus acontecimientos familiares, pero, si usted se empeña… – Me empeño. – Bien, pues se lo cuento. Aunque es usted un poquito exasperante — ahora debía de estar haciendo la crema, de gambas, y apretaba botones en la batidora — ¿O me va a decir que yo me he inventado lo de la (…)? – ¿La qué? – ¿Decía? — ella, parando la batidora. – Que se ha inventado, con el ruido de ese chisme no he podido entenderla, no sé qué… – Es justo lo que le estoy diciendo — apretó otra vez el botón y alzó la voz — ¡que no me lo he inventado! Y la volvió a parar. – No, si eso ya — yo — Pero que lo de la qué. Quiero decir. – Vamos a ver — ahora sacaba con una espátula la crema de la batidora y, con mucha pulcritud, la iba poniendo en un recipiente de cristal —; su tía, ¿no estaba de viaje? – Por las islas griegas, sí. – ¿Y en qué medio de trasporte viajaba? – Pues, si era un crucero, en un barco… ¿ Voy bien? – Estupendamente — colocó el recipiente con la salsa en la nevera, y la cerró. Y haciendo girar su muñeca estiró el índice y, señalando donde el dedo al buen tuntún quiso apuntar, agregó —: Pues de ese barco, de ese barco precisamente es capitán de navío el capitán de navío que viene a pedir la mano de su tía… lo ha entendido? – ¿La mano de mi tía? – Eso es — Y se chupó el dedo de salsa. Y se lavó las suyas al grifo. COLOCAR CASILLA Y DISTINTIVO; Y TERMINAR, SI A MI AMIGO LE PARECE UNA BUENA OCURRENCIA, (QUE LO ESCRIBO EN ROJO Y CON MAYÚSCULAS PARA QUE ME SALTE A LA VISTA Y NO OLVIDARME). Y SI A MI AMIGO NO LE PARECE BIEN, O EN VEZ DE VOLOVANES PREFIERE CROQUETAS, O QUE LOLA NO SE CHUPE EL DEDO, O QUE ME OLVIDE DE LA BODA Y DE MI TÍA Y DE SU ENAMORADO PRETENDIENTE (MEJOR) Y DE MI TRAJE BUENO, ME TENDRÉ QUE ACORDAR DE OLVIDARME DE TODO ESTE ASUNTO Y BORRAR ESTE ARCHIVO, O DE CAMBIARLE EL TÍTULO (QUE SERÍA EN TAL CASO “ACORDARME”) POR Elaboración de masa (sin hojaldre) para croquetas, de bacalao tal vez — que la señora de Ramírez (madre) estará encantada de que le pida un poco, que no sabe qué hacer ya con tanto por culpa del papel para envolverlo para el pingüino del marido y la papiroflexia —; Y, SI TODO FALLA, NO SÉ QUÉ EXCUSA TENDRÉ QUE INVENTAR PARA QUE MI TÍA SE AVENGA A QUE DE BODA NADA (TAN ILUSIONADA QUE ESTABA) SIN MONTARME UNA BRONCA U ORGANIZAR UN DRAMA. O ME LAS ARREGLARÉ, A LO MEJOR, PARA CASARLA (YA VERÉ CÓMO) CON EL VEJETE DEL DESCANSILLO (AUNQUE ELLA NO HABLA INGLÉS), QUE SI SE ME OCURRE CÓMO HACER PARA QUE...
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2410109762637
Las cosas se complicaron
10/10/2024
Ovidio
http://valentina-lujan.es/alicia/lascosecompli.pdf por causa no sabría yo muy bien precisar si porque, como se viene de relatar, el pequeño se vino o porque mi amigo perdiera la noción del tiempo y del espacio menos de lo que yo llevado de mi optimismo me había permitido suponer o, que sería una cuarta posibilidad, porque al su esposo comentar que de haber sabido (etc.) no habría importado que se dejara el mayor los deberes sin hacer, ella, Sonia (porque creo que si no me he trafulcado la puedo llamar Sonia hace ya mucho), le respondiese con mucha acritud “lo habrías sabido si prestaras más atención a tu familia y a tus hijos” o, que sería la quinta , porque los papeles no quedasen ilegibles Continuará ... Que sería una segunda posibilidad a tener en cuenta. Puede que menos embargado ― que sería la tercera, y tal vez por causa de no estar tan enamorado de su novia como me hiciese creer la tarde del Retiro ― por sus propias preocupaciones de lo que yo imaginase. Y última, aunque se me ocurran (que tampoco creo) otras diecisiete. Que con estas y por muy irresoluto y apocado que yo sea hay, y de sobra, para ir tirando. Que creo, aun con dolor de mi alma, que siendo la que más fervientemente deseaba yo que prosperase va ser justamente la que voy a tener que descartar por culpa, maldita sea, de que se ha ido a pique todo mi plan tan bien tramado de que el mocoso derrame el café.
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2410099754254
No es el tema
10/09/2024
Un adusto funcionario
https://valentina-lujan.es/alicia/noeseltema.pdf cuando a lo mejor ni siquiera es mi madre ni la esposa amantísima del importador de pelo de la India, que sé que lo tengo en letras rojas no sé ya, porque dudo de todo, si en algún lugar de la memoria mía o en la de alguien, otro alguien, que después de darme a la luz me olvidó como la mujer del sombrero, que, si me paro a pensar, tal vez no me olvidó porque, si lo que dice Manolita que pone en el mensaje del sobre es verdad — y que quiero creer que lo será porque por qué iba Manolita, tan ocupada y con las manos llenas de cafés y pollos asados y lasañas, o espaguetis, pero para el caso es igual, a inventar un mensaje y un sobre y un luto, así, sin más ni más —, ella no me olvidó nunca y sufrió durante muchos años (Manolita no me ha hablado de su edad, pero a juzgar por la mía no puede tener menos de unos sesenta años) por el error que cometió. Que puede, podría estar muy bien para dar un giro a nuestra historia, la suya, la mía; podría estar muy bien pero no puede estarlo, no puede estarlo porque me resulta impensable irle con esa papeleta a Lola, que ya me lo advirtió poniéndose la cofia, a mí no me venga con folletines ni dramones y yo, sin ella, lo sé, no me voy a sentir capaz de salir adelante ni de emprender una vida tan nueva; es más, empiezo a sospechar que ni capaz siquiera de seguir con esta en la que estoy, y, más aún, cualquier vida, la que sea, no importa cuál, sin ella, sin Lola; incapaz creo de vivir sin Lola aunque, que también lo tengo en mente, antes de hacer una afirmación tan rotunda deberé investigar. Que no se me olvide.
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2410079725311
No logramos llegar a un acuerdo
10/07/2024
Un cuñado de Teresita Ledesma
http://valentina-lujan.es/alicia/nologramoslle.pdf sin que logre yo saber si en nuestras respectivas obstinaciones — el uno argumentando que la verdad es lo más importante en la vida, la esencia y la razón última de todos los actos humanos y, el otro, protestando que la verdad es estúpida, y pobre y plana, y que pretendiendo ir siempre con la verdad por delante no existiría ninguna posibilidad de libertad ni tendrían cabida en el ser humano ni la fantasía, ni la imaginación, ni ninguna de las capacidades necesarias para cualquier manifestación del arte, y que lo único que se conseguiría sería ir dando disgustos a diestro y siniestro y a todo el mundo porque la verdad duele — estamos siendo del todo sinceros, absolutamente veraces el uno y el otro o si, por el contrario, estaremos defendiendo arteramente posiciones irreconciliables que a saber si no estarán encubriendo, en uno, una lastimosa incompetencia a la hora de crear una situación nueva y distinta que no se haya dado previamente en el mundo real y, en otro, una completa ineptitud para saber enfrentar la vida, tirar para adelante, si no es a base de argucias y patrañas y mentiras.
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2410079724956
La cocinera nueva
10/07/2024
Un personaje secundario
http://valentina-lujan.es/alicia/lacocineranueva.pdf que, y también por cierto ya que la menciono, me había contado Lola que se sintió decepcionada ante mi escaso entusiasmo por los zancarrones de faisana, que eran por lo visto su plato estrella, y que, al sacarlo, el llavero, me ha contado también, alborozado (aun dentro del disgusto de verme en evidencia por culpa de los pitidos y a Sonia mirándome avergonzada también y un poco ruborizada), al sentirlo al tacto junto al metal, un papelito que había de ser, con casi total seguridad, el motivo por el que alguna vez escribiera (en un pie de página, creo recordar también ) aquello de “revisar bolsillo derecho de la americana de tweed antes de continuar” aunque, y eso me desconcertó un poco, lo que yo llevaba puesto aquel día no era ni una americana ni de tweed, y este bolsillo era el izquierdo de una cazadora de piel vuelta color caramelo y forrada de borreguito sintético y que, de eso sí me acuerdo, le faltaba un botón porque, jugando, seguramente lo había arrancado el gato de su prima que ella misma había dicho que intentaría proporcionarme y que, eso no me lo podía concretar todavía, sería siamés o turco de Angora.
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2410079724659
Ni enfadar a mi amigo
10/07/2024
Uno que pasaba por ahí
https://valentina-lujan.es/alicia/nienfadaramiamigo.pdf Que llevaba rato dando muestras de empezar a aburrirse o, para mayor precisión, de llevar aburrido ya desde que entramos por la puerta del museo cuando, tras mostrar los tiques y que un empleado los revisara con ese aparatito que debe de ser de rayos infrarrojos, al pasar por el arco detector de metales tuvimos un pequeño problema porque, si bien en el bolso de Sonia no detectó nada sospechoso, al pasar yo el arco empezó a pitar a causa de que llevaba en el bolsillo un llavero que terminaba de comprar para el juego de llaves que le daría a la cocinera nueva cuando acudiera, al día siguiente, para empezar a prestar sus servicios y que así Lola, liberada de ensaladas y lentejas, pudiera dedicarse por entero a buscar la llave del cajón de mi mesa (porque a veces, cuando salía yo con prisa, se me olvidaba dejarle la notita explicándole dónde la había escondido), y a contestar el teléfono cuando llamase mi tía, y a ocuparse del pienso extrusionado y de las pipas de Indalecio y Manolita, y de preguntar por la ventana a la dueña de la casa de lenocinio (que lo tacho para remplazar por prostíbulo, porque dice Lola que lo de lenocinio no iba a entender nadie qué significa) por dónde iba él, Indalecio, cuando, bien entrada la noche y yo ausente, hubiera ella (la madame ataviada con su estola de visón y sus chinelas) de bajar a la calle para, junto con otros vecinos del barrio, protestar del escándalo y poder concretar a los policías el canto y la estrofa que estuviese recitando.
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