EL TREN DEL DESEO
Teníamos tantas ganas
de vernos sin condiciones,
de abrazarnos, de besarnos,
de entregarnos sin temores,
de llegar hasta la gloria
con los cuerpos encendidos,
de fundirnos en la euforia
de los sueños compartidos,
desnudándonos despacio
como en rito milenario,
acariciando tu espacio
con fervor casi sagrado;
despacio, como la brisa;
deprisa, como el temblor.
Y, al final, con la prisa...
de un tren sin freno ni amor.
Y ese tren desbocado,
sin remedio, descarrila.
Sus vagones, destrozados,
esparcidos entre vías;
como nuestro amor, quizás,
si es que fue amor algún día.
Sólo queda lo que das
cuando el alma está vacía.
Extasiados en la cama
caímos sin redención,
y entendimos que la llama
no fue fuego, fue ilusión.
Un instante de pasión
no es promesa ni verdad.
Se disuelve la emoción
en la sombra de la edad.
Quedaron muchas heridas
de aquel choque repentino,
que no serán revividas
sin caer en el abismo.
Si no hay amor, no hay nada.
Sólo cuerpos que se tocan.
Una danza desalmada
que al final... todo lo ahoga.
Una burla del destino
que se rio de los dos,
una burla del camino
con este destino atroz.
Una burla de la vida
que nos convirtió en despojos,
una llama ya extinguida...
que se apagó ante mis ojos.
"A la llama que ardió sin nombre
y dejó cenizas en la piel".
J. R. Félix de la Rosa
25, 26 de septiembre de 2025
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