El hombre según Lamartine- es un dios caído que aún se acuerda de los cielos. ¿Será éste el argumento que justifique metafísicamente la venganza de quien está cargado de razón, o el que la invalide para siempre? ¿Qué hacer con aquél que, dotado de responsabilidad y autoridad para con otros, exhibe un solo libro en los anaqueles de su despacho, bien a la vista de todo aquél que deba apurar, por obligación, el expediente de entrar en él, y ese libro es Las flores del mal? Este pequeño haz de
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