Buques ingleses llegados a la costa.
Hundimientos, tripulantes mutilados.
Grupos de vecinos ocultos en la noche.
Delitos impunes.
Oro desaparecido.
Las leyendas dan origen a su nombre.
Dutika Mere
Cuando compongo, al igual que Einojuhani Rautavaara, lo hago con mucha lentitud. Esta obra es fruto de un largo proceso de creación que se inició estando en mitad de otro trabajo, en un curso de verano con Leonardo Balada abocetando una obra sinfónico-coral.
Recuerdo levantarme a las seis de la mañana para poder sumergirme en los vacíos pentagramas mientras que, ingenuamente creía, media ciudad aún dormía, pero no contaba con que una pluralidad de pájaros que amanecían jubilosos impedía mi labor con sus variados ritmos y, emulando a Olivier Messiaen, tuve irremediablemente que ponerme a transcribir y anotar aquellos interesantísimos pulsos asincrónicos.
De ahí surgieron ideas temáticas que luego apliqué a Dutika Mere (en griego, Costa de la Muerte) nombre que posteriormente, tras un proceso de revisión, quedó como subtítulo.
Meses después, trabajando en otro ámbito distinto para una obra experimental audiovisual infográfica creé un boceto formal que sería el pilar de la obra y, al igual que Bach, también tomé prestado de ella algunos de mis propios elementos temáticos para formar lo que sería mi Sinfonía número cero, por influencias de Antón Bruckner, pero mi atrevimiento acabó por colocarle el ordinal siguiente: Nº1.
La obra dura poco más de veinte minutos, con tres secciones bien diferenciadas pero sin solución de continuidad. Exceptuando la cuerda medio-aguda la plantilla es casi la de una orquesta, con numerosa sección de percusión. Los títulos de los movimientos son indicativos no de un texto imaginario a seguir, sino más bien de una sensación a transmitir, aún con los sugerentes nombres de cada movimiento no pretende ser una obra programática.
Mi intención es más la de sugerir o evocar que tratar de dibujar una escena real. La pincelada es de trazo grueso y difuso, no rompiendo así, en lo musical, con mi idea de la abstracción por encima de todo, alejándome de la búsqueda explicita de imitar, en este caso, una leyenda.
Formalmente los tempos lentos, y en este caso más contenidos, son prioritarios, dejando apenas dos momentos de verdadera explosión orquestal. Los elementos temáticos son pocos pero constantemente transformados, que no variados, haciendo especial hincapié en la riqueza contrapuntística que solicita plena atención del oyente.
No he pretendido adscribirme a ningún lenguaje o corriente estética en particular ni a repetir, si es que la posee, la textura orquestal propia del conjunto de vientos, tratando de dar siempre un colorido y combinaciones distintas y personales.
Su final es conciso pero abierto y en general hay muy poca concesión de cordialidad con el oyente.
Es una obra exigente, difícil y que solicita varias audiciones, algo que ya es posible gracias a la edición en CD de la Xunta de Galicia.
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