Los niños, en general a partir de los 4 años, ya pueden sentir que son los mismos, ayer y hoy, y predecir que serán los mismos mañana, es decir, ya pueden tener un sentido de la historia autobiográfica, un sentido de identidad que conecta el pasado con el futuro. Es una identidad no automática, sino que va surgiendo y se va conformando a medida que los niños van sintiéndose protagonistas de su propia vida. Hay un experimento que se llama: experimento de la gratificación diferida, de Walter Misch
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