Sentado en aquel columpio
yo te esperaba descalzo
recordando nuestra infancia.
Escapé de aquella casa
ya vacía de recuerdos
cuando vi que ya no estabas.
El hogar ya era escombros.
Cuatro paredes vacías.
Olor a casa quemada.
Cristales de las ventanas
formaban aquella alfombra
que yo descalzo pisaba.
Nuestro tálamo nupcial
parecía una cloaca
invadido por las ratas.
Ya no quise buscar más.
Salí llorando y descalzo
infectado por la rabia.
Mis gritos desconsolados
se oyeron en otro mundo,
y el mundo me dio la espalda.
Ya nada podía hacer.
No supe dónde buscarte.
Solo sé que aquí no estabas.
Mi cabeza daba vueltas
en aquel triste columpio,
en aquellas horas bajas.
Me levanté del columpio
y abandoné ese lugar
pisando tierra quemada.
Me dijeron que un incendio
devoró aquella casa
donde habitaba un fantasma.
Me pregunté quién sería
ese fantasma maldito
que habitaba en la casa.
Nunca lo pude saber
porque tú en esa casa,
amor mío..., nunca estabas.
J. R. Félix de la Rosa
6 de septiembre de 2021
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