En esta primera entrega de la saga ¡¡ALLIN KAWSAY!!, titulada El Retorno de Los Qhapaq-Inka, se narra la marcha del Shanti y sus discípulos: Arnawan y Saraku, para trasladar una antigua y sagrada reliquia Inka desde Tiwananku hasta el Paititi, en la selva del Cusco. Será durante este “peregrinaje”, a través del gran camino de los Qhapaq, la “Ruta Inka de Sabiduría”, donde transcurrirán grandes aventuras, llenas de tradición, misterio, romance y peligro. Pero será también, aquel camino sagrado, un magistral laboratorio capaz de instruirles una insospechada sabiduría milenaria. Allí, el Shanti, un Pureq-Paqho transmitirá a sus pupilos el secreto del manejo y uso maestro del “vínculo” que la humanidad guardaba y mantenía con la Pachamama y cómo “criaban” el equilibrio Intin-Pacha-Runa, con el cual la sociedad Inka recreaba el “Allin Kawsay” que es la manera correcta y justa de vivir en plenitud del hombre, la mujer, la sociedad y la naturaleza.
El Shanti, instruido en la escuela de los últimos Hamuyiris –Amautas o Maestros que sobrevivieron a la persecución y masacre ejecutada por los hermanos Pizarro luego de la invasión europea al Tawantinsuyu– sabía que Atawallpa, el último Inka, no fue ejecutado en Cajamarca, sino que fue secuestrado y en total secreto llevado al Vaticano, en Roma, en donde sería interrogado por el mismo Papa Clemente VII, en razón que para la monarquía invasora y para el Vaticano, el Inkary valía mil veces más vivo que muerto. Allí se da el último combate verbal entre los Papas y los Inkas, viejos contendientes post-diluvianos o “cabezas” de dos “ordenes” diferentes que oponían al Dios cristiano con “Intin” o “la globalidad centralizada pan-andina” del Dios “I” del pueblo Puquina, que fueron los alarifes y constructores de Tiwanaku y del Qhapaq Ñan. Es en este trance, en pleno Siglo XVI, donde el “Inkarey” Atawallpa lanza desde Europa su estrategia de resistencia a la invasión y dirige sus últimas órdenes dejando preparado el terreno para el retorno de los Qhapaq-Inka, los que con su sabiduría intentarían recomponer el equilibrio del mundo. Nuestro protagonista y curandero el Shanti y su hijo, solo son la punta de la madeja de esa continuidad, de la resistencia Inka, que nunca se quebró.
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