A veces pienso que debería recibir sanción eso de robar un corazón. Vale, sí, tienes toda la razón, porque tú nunca actuaste a traición. Sencillamente te acercaste, una sonrisa me dedicaste y fui yo quien, queriendo o sin querer, ante ella sucumbió, permitiendo que me atrapara, deseando que de mi lado ya nunca te apartaras.
Por ello veo claro que puestos a culpar, ya nada me podrá salvar, porque acuso de ladrón a quién noblemente ganó mi corazón. Así que, sin acusar, sin culpar, me gustar
All rights reserved