Sobre la mesilla el despertador canta, y traiciona, y es cruel: "Ahora, que me he quedado solo, veo que debo tanto, y lo siento tanto. Ahora. No aguantaré sin ti, no hay forma de seguir... así".
Los ojos opinan de penas, y negocio con los dedos, procurando disimular alguna lágrima, que se escapa. Me incorporo y observo la pared, blanca y limpia, como debería ser mi alma. Quiero ser pared, quiero ser techo, quiero ser un suelo barrido y fregado. Casi no quiero ni ser.
Entonces, Max -ma
All rights reserved