Eduardo es un cincuentón que vive solo y deprimido. Ramón es
un joven con toda la vida por delante. Pero los dos comparten
algo: déficit de atención. Una noche, Ramón y sus amigos van a reventar petardos a las
vías del tren. Oyen los gritos de un señor atrapado en las
vías, es Eduardo. Ramón consigue salvarlo antes de que pase
el tren. Sus amigos lo dejan tirado y Ramón se queda junto a
Eduardo. Lo lleva a urgencias para que lo ayuden, pero el
médico dice que como no hay lesiones no pueden hacer nada por
él. Eduardo, ante la indiferencia, decide irse. Ramón va tras él,
lo acompaña a su apartamento y se asegura de que está bien.
Eduardo le reconoce que ya es mayor para tratarse, que la
gente lo ignora. Ramón le dice que hay muchas razones para
seguir esforzándose. Eduardo le agradece por la ayuda y se va
a dormir. Ramón vuelve a su casa con pena en el cuerpo. Al llegar a su
casa le pide a su madre que lo lleve a un psicólogo.
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