Estos poemas son uróboros. Cada poema se inserta en el ciclo de las estaciones, pero no siempre en el orden que dicta el cielo. El cuerpo tiene sus propios ritmos circadianos, inviernos y primaveras. El vestigio de cada estación aparece como un soplo, para quien quiera leer también desde el clima que late bajo la piel.
Tras cada estación hallaréis una oda dedicada a un artista: un diálogo entre mi voz y la suya, un desvío del camino. La única manera que encontré de agradecerles que me acompañen en mis sombras y mis luces.
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