‘Carta abierta a Prometeo’ es un largo poema en el que la voz de un hombre contemporáneo se despliega como un río de conciencia: apuntes, preguntas, dudas, recuerdos y relecturas. El título es una declaración de intenciones: escribir no para narrar, sino para interpelar. Al mito, a uno mismo, a los otros, a lo que nos trasciende.
A lo largo de estas páginas, el autor se pregunta por la existencia ("estar fuera de sí"), por la memoria que nos construye y nos destruye (Alzheimer, infancia, vejez), por la relación con los demás animales (el canario, la gacela), por la enfermedad (el dolor, el diagnóstico precoz, el gato de Schrödinger como metáfora), por la injusticia social (los migrantes, los hambrientos de lugar) y, finalmente, por el sentido de lo sagrado. La última sección, "Estimado Prometeo", reescribe el mito desde la rabia y la gratitud confusa del humano que se sabe heredero de un dios traidor y amante a la vez.
He elegido el verso libre no por afán ornamental, sino porque es la forma que mejor acoge el fragmento, la duda y la respiración del pensamiento. La prosa pide desarrollo, conclusión; el verso permite el destello, la pregunta sin respuesta, el salto temático. En un texto que va de la física cuántica al dolor de cadera, del juego de los niños al llanto por un pájaro muerto, la línea quebrada es el único vehículo capaz de sostener esa diversidad sin falsearla. El verso deja que cada idea ocupe su espacio justo y que el silencio entre ellas también hable. Porque este libro, en el fondo, es un diálogo con lo que callamos.
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