Apagó la radio y bajó a por el periódico saltando por la escalera con el ímpetu extremo de la juventud. En el kiosko compró entusiasmada el libro que estaba número uno en las listas de ventas. Llegó a casa, dejó el periódico sobre la mesa, abrió el libro, se tumbó en el sofá y llevada por la rutina diaria encendió el televisor. Al día siguiente su tía Higinia, alarmada por su tardanza, descubr
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