L a literatura es como un gran restaurante temático. En su carta, hay espacio para todos los sabores del mundo. Y cada lector elabora su menú según sus gustos o necesidades, que no siempre coinciden. Me ha salido esta metáfora gastronómica, como es lógico, después de diez días largos de cenas, comidas, meriendas, cañas y lo que queda hoy. Bueno, pues en mi menú habitual no suele entrar la novela negra, salvo alguna excepción. Los géneros se me repiten un poco, por previsibles. Me tienen que ofre
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