Tantas veces tendríamos que evocar a los niños que fuimos porque de ellos podemos tratar de (además de morirnos de risa) recuperar un poco de nuestra esencia, aún libre de prejuicios y mucho más pura, menos temerosa, más humana, más compasiva, menos interesada, más ilusionada, más soñadora, más cercana al verdadero sentido de la vida. Les comparto dos cartas que le escribí a mi papá cuando estaba muy chiquita (tristemente, no tengo el año, pero por la letra, la ortografía y los mensajes, sé que
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