Con los párpados cerrados,
ella deja que el violín hable por su alma.
Cada nota es un suspiro suspendido,
una memoria que no se nombra,
un amor que aún no se va… o que nunca regresó.
A su lado, en el silencio atento de un sillón pequeño,
un perrito alza la cabeza,
como si oyera no la música,
sino el latido invisible del pasado.
¿Llora ella por un amor perdido,
o por aquel que ladraba su alegría
y ahora solo vive en el hueco de sus cuerdas?
En el ambiente solo se oye la melodía de My Heart Will Go On:
“Once more you open the door,
and you’re here in my heart…”
“Una vez más abres la puerta,
y estás aquí en mi corazón…”
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