QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ
– ¡¿Pero qué es esto?! ¡estoy toda pegajosa! ¡Está todo oscuro y encima estoy rodeada de… lo que quiera que sea esto!
Decía yo mientras empujaba las cosas blanditas y dulces que me rodeaban.
– ¡¿Hola?¡ ¡¿Alguien más por aquí?!... Ya verás tú cuando vea a Quasimodo… la broma se le ha ido de las manos…
De repente hubo un terremoto, todo se dio la vuelta y hubo una luz cegadora.
– ¡Mami! ¡es Esmeralda! – gritaba una niña gigante de unos siete años, mientras misteriosamente yo no podía articular palabra, solo… sonreía.
– ¡Toma ya! – decía un rubiales de 5 años mientras me ponía junto a Quasimodo.
– Se va a enterar este… – pensaba yo.
Y, aunque nos costó un tiempo, al final asimilamos que… éramos juguetes, pero, aún no sabíamos su verdadero significado.
Mi “dueña”, aunque tenía miles de muñecos, no me dejaba ni un solo rato sola… Era agobiante, tengo que reconocerlo… también veíamos juntas mi película que era su favorita.
Con el tiempo entendí que su felicidad por alguna razón, también era la mía.
Una noche salimos con su madre. Llevábamos muchas bolsas y las repartieron en muchas casas. Entonces paramos frente a dos niños desaliñados. Sus ropas estaban desgastadas y no tenían luz en su casa.
Para nuestra sorpresa, nuestros dueños nos dieron a las manos frías de los otros niños.
Yo no quería separarme de mi niña. Sentí su dolor en la separación, pero me di cuenta que ahora tenía una nueva misión que cumplir: hacer feliz a unos niños… sin nada.
All rights reserved