Anoche, después de uno de varios días difíciles en el principio de un año que me ha pegado duro por dentro, acostada en la cama bocarriba, después de apagar la luz y cerrar los ojos, los abrí de repente y los clavé en el techo, en medio de la oscuridad. Sentí conscientemente mi cabeza sobre la almohada, deslicé mis manos sobre la cobija suave y abullonada como me gusta y sentí esa paz infinita que me produce estar calentita dentro de esa cueva en que se convierte mi cama. Entonces, aunque ya hac
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