No todos los geranios son suaves al gusto: algunos además piensan en la muerte, o incluso en ir al mar o enamorarse. Algunos geranios son crueles; otros, lagrimean. Pero las lágrimas de los geranios poco pueden creer en un Dios que no conocen, o en las rosas de la china o en la china misma.
Las lágrimas de los geranios ni siquiera son capaces de creer en los geranios; y esto un poco es porque son ateas, y otro poco, porque los geranios no lloran.
(c) Sebastián Barrasa