Que Adán y Eva iban a terminar juntos, era un final cantado. En esa época, no hacía falta labia para la conquista. Ni siquiera una gran propuesta o una declaración de amor. Para empezar, se conocieron en el primer “Solos y Solas” de la historia -que en aquel momento se resumía en “único y única”-. No tenían rollo con la religión, ni familiar que se les oponga y, como si esto fuera poco, Eva corría con grandes ventajas: no tenía suegra y la hija de Sarita todavía no había nacido para hacerle comp
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