Ocho años caminando despacio,
entre certezas, miedos y abrazos.
Cuando el mundo pesó en mis espaldas,
tú fuiste el pulso que nunca fallaba.
No hiciste ruido, no pediste nada,
solo quedarte cuando todo faltaba.
Mientras yo dudaba de mí mil veces,
tú me mirabas como si supieses
Y hoy, quiero decirte sin miedo,
lo que tantas veces guardé en silencio…
Gracias por quedarte cuando me rompí,
por creer en mí cuando yo no creí.
Eres calma, eres fuerza, eres mi verdad,
todo lo que siempre quise y no supe pedir jamás.
Gracias por dar sin pedir razón,
por curar mis miedos con tu voz.
Si la vida me pregunta qué es amar,
diré tu nombre… y nada más.
Portugal nos vio perdernos despacio,
calles antiguas, promesas en los labios.
Risas nocturnas, miradas que arden,
dos cuerpos hablando un idioma sin nadie.
Y en Almería, sal y madrugada,
calas secretas, piel contra la nada.
El tiempo paró cuando el mar nos cubrió,
hicimos magia donde el mundo calló.
Gracias por quedarte cuando me rompí,
por creer en mí cuando yo no creí.
Eres calma, eres fuego, eres mi verdad,
todo lo que siempre quise y no supe pedir jamás.
Gracias por dar sin pedir razón,
por leer mi piel, mejor que mi voz.
Si la vida me pregunta qué es amar,
diré tu nombre… y nada más.
Y si el tiempo intenta robarnos la piel,
que no nos quite lo que sabemos hacer:
Elegirnos sin prisa, sin prometer más,
dejando que el deseo nos vuelva a encontrar...
El último...
Gracias por hacerme sentir en paz,
por ser mi presente y mi hogar.
Si hoy tengo claro quién soy en verdad,
es porque tú… no me soltaste jamás..
Ocho años después, sigues aquí,
eligiendome cada día…
como el primero,
o quizás más...
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0